Manadas de buitres
09.09.08. Como tales se comportan los partidos políticos cuando llegan al poder. La presa son los puestos de la administración.
A fuer de tradicionalistas siempre hemos defendido la descentralización. Nos formamos políticamente bajo el síndrome de la supresión de los Conciertos Económicos de Vizcaya y Guipúzcoa; uno de los más gordos errores cometidos por el régimen de Franco, solo superado por la absurda entrega de España, que se había librado de la Revolución, a la misma Familia que la había introducido en España y que había terminado por entregarla indefensa entre sus garras. Oíamos a las personas mayores ponderar las ventajas de una administración sencilla y eficaz y propugnábamos su restauración. Nuestra vecindad con Álava nos permitía conocer el funcionamiento de una administración foral y reafirmaba nuestra opinión de que aquello era lo bueno, por sencillo y barato.
Siempre que surgían discusiones sobre el tema, los nacionalistas se ponían de nuestro lado. Y aceptábamos su apoyo porque, ¡ingenuos de nosotros, creíamos que pensábamos igual. Nos hacíamos la ilusión de que una devolución de los Fueros apagaría sus afanes separatistas.
Aunque algo más tarde llegó a nuestro conocimiento la versión vizcaína de la Marcha de Oriamendi, no caímos en cuenta de la profunda verdad que encerraba su texto:
España ta Euskalerría banandu nai dabezanak ez dabe gura forurik.
“Los que quieren separar al País Vasco de España no quieren los Fueros”.
Para ser auténticamente fueristas hay que ser tradicionalistas. Hay que pensar la política como la búsqueda del bien común, por encima de toda clase de partidismos. El liberalismo envenenó la vida pública con los partidos, que luchan por su triunfo y consideran la gobernación como una granjería cuyos beneficios se reparten quienes acceden a ella.
Leemos en “La Gaceta de los Negocios” que entre 1998 y el día de hoy, el Estado ha transferido a las autonomías 623.000 funcionarios y que sólo ha recortado sus plantillas en 268.000. No dice el número de ellos que han creado las autonomías. Esto tiene que suscitar la ira e todos los españoles. Pero mucho más la e quienes cuando la descentralización gozaba de poco predicamento la defendíamos con entusiasmo, empleando para ello un argumento que los hechos han transformado en una ilusión-
Los nacionalistas vascos no son fueristas. No han restaurado la práctica de la política tal como la entendían nuestros abuelos. Son liberales y como tales entienden la política al modo liberal. Pero de un modo más radical que los otros partidos, dado el carácter serio de los vascos.
Con el cambio político y la llegada a los ayuntamientos, diputaciones y Gobierno Vasco del PNV, fuimos testigos de la pugna de los nacionalistas por conseguir un puesto. Si se trataba de jóvenes que habían logrado ingresar en la Ertzaintza, por poner un ejemplo, los agravios comparativos de quienes se había quedado fuera teniendo SU FAMILIA más méritos. O la de quien comentaba la injusticia cometida con un amigo suyo al que habían ofrecido un pobre puesto de conserje en una escuela después de la destacada actuación de su padre durante la Guerra y en la clandestinidad.
En los primeros años de los ochenta gobernaba aquí el PNV. En Madrid lo hacía el PSOE- Ambos partidos ocupaban ayuntamientos de Bilbao y Madrid, los gobiernos autonómicos, el PSOE el de la Nación y el PNV la Diputación de Vizcaya. La prensa vizcaína se hacía eco de las denuncias del PSOE sobre la avidez del PNV en crear cargos para ocuparlos con su gente. La persecución gubernamental aún no había logrado ahogar a “El Alcázar” y por él nos podíamos enterar en Bilbao de que en Madrid el PSOE hacía lo mismo de lo que acusaba al PNV en Bilbao.
Ni del PSOE ni el PNV han inventado nada. Han continuado la práctica de todos los gobiernos liberales. Pero como la Administración “mete el morro” en todo, ha ampliado sus campos de actuación, los que gobiernan han tenido una magnífica coartada para inflar las filas de los funcionarios y lo siguen haciendo. Del dato, facilitado por “La Gaceta de los Negocios” que hemos mencionado es definitivo.
El resultado es una carga para la economía que pesa sobre ella como una losa. Y eso se nota especialmente en momentos como los actuales de crisis. Algunas administraciones están reduciendo su plantilla. Si ahora pueden hacerlo, ¿por qué permitieron que creciera tanto? También dicen que están congelando sueldos de ministros y parlamentarios. ¡No hacía falta más que se los siguieran incrementando de la manera escandalosa que lo han hecho hasta ahora especialmente en el caso de los parlamentarios!
En tiempos de crisis no queda otra solución que apretarse el cinturón. Y cuando de ello se trata la situación de quienes ya lo tienen prieto se hace angustiosa. Pero no hay otra salida. Y que no nos venga el Presidente del Gobierno con el cuento de que se hará sin perjudicar a las clases desfavorecidas. Eso es imposible. La crisis ya está ampliando el número de quienes pertenecen a las clases desfavorecidas.
En ese amplio sector de la sociedad española tenían que haber pensado antes. Pero en los momentos de bonanza económica hemos vivido al límite. Sin prever que a las vacas gordas les suceden las flacas, los gobiernos, especialmente los del PSOE, han administrado mal los inmensos recursos que les proporcionan los agobiadores impuestos. También entonces se imponía la austeridad, que no la hemos visto por ninguna parte.
Ahora mismo, se ha nombrado un comité de ocho expertos abortistas para justificar la ampliación legal de tan nefanda práctica. ¿Van a trabajar gratis? Sus remuneraciones, que no serán exiguas, van a gravitar sobre la economía de los más débiles. Que no nos vengan con la disculpa del chocolate del loro. Que aquí hay muchos millones de loros comiendo chocolate. Recordemos la historia del burro que se cayó abrumado por el peso de su carga de sardinas, cuando le echaron una más.
Carlos Ibáñez Quintana